Hay algo que no siempre se habla en consultoría: que el trabajo con un cliente te transforma. No solo a él. A ti también.
Este mes lo viví de una forma muy concreta.
Cuando comencé a construir el avatar de Authentique, hice lo que hago intencionalmente: abarqué todo. Seis páginas. Mil características. Un perfil amplio y completo con todo lo necesario para que ellas pudieran trabajar desde ahí.
No era un error. Era el punto de partida.
Porque mi forma de trabajar es esta: yo entrego el material suficiente para que el equipo pueda encontrar su propia esencia. Que revisen, que editen, que saquen lo que sobra y agreguen lo que falta.
Y eso fue exactamente lo que hicieron Cynthia y Fanny. Tomaron esas seis páginas y encontraron el corazón de su clienta ideal.
No lo recibieron como una entrega. Lo hicieron suyo.
Trabajar el avatar de Authentique me obligó a aplicar algo que había desarrollado con otro cliente: la idea de que la clienta ideal no es un solo perfil rígido. Es una misma mujer que aparece en distintos momentos, distintos roles, distintas etapas de vida.
No es una persona. Es un patrón.
Y cuando empiezas a verla así, el contenido cambia. Deja de ser genérico. Empieza a hablarle a alguien real.
En mayo sabremos si la parrilla de contenidos que construimos a partir de ese avatar conecta de verdad con las clientas de Authentique. Será la prueba real.
Cynthia y Fanny apropiándose del proceso no es un detalle menor. Es una señal de madurez.
Significa que ya no están esperando que lleguen las respuestas desde afuera. Están pensando estratégicamente su negocio. Están tomando decisiones con criterio propio.
Y eso es exactamente lo que busco en cada acompañamiento.
Authentique es mi cliente ideal no solo porque encaja con el perfil de negocio con el que trabajo. Sino porque hay voluntad real de crecer. Hay disposición para incomodarse. Hay una dueña que edita, que cuestiona, que se apropia.
Y eso, en consultoría, no se da siempre.
El trabajo con Authentique me ha hecho mejor consultora. Me ha obligado a afinar herramientas, a simplificar lo que tendía a complicar, a confiar más en el proceso y menos en el control.
Cuando acompañas a alguien que realmente quiere crecer, tú también creces.
Y eso es lo que hace que este trabajo valga la pena.
Para que lo pienses: ¿Tus clientes o colaboradores más cercanos te están haciendo crecer… o solo te están ocupando?
Con cariño,