María Cossio

Durante mucho tiempo hablé sola. Ahora me invitan a decir lo que pienso.

La semana pasada te dejé con una pregunta dando vueltas: ¿atienden clientes o solo ejecutan procesos? Esa misma pregunta terminó apareciendo en una conversación mucho más grande.

Participé de un podcast con Carlos Hernández, experto en Soporte y CX , desde Ecuador.

Y mientras esperaba para conectarme, me vino un recuerdo que no había vuelto a mirar en un tiempo: los primeros meses publicando contenido, sin interacciones, sin comentarios, sin señales de que alguien del otro lado estuviera leyendo.

Pensaba que a nadie le importaba lo que sabía. Que mi experiencia se quedaba en mi cabeza, sin llegar a ningún lado.

Y ahora estaba ahí, al otro lado de una pantalla, con alguien de otro país que quería escuchar mi opinión. Que la consideraba valiosa. Que me trataba como una referente en lo que hago.

Gracias, Carlos, por la invitación y por darme ese espacio. No es algo que dé por sentado.

Pero no quiero quedarme solo en lo bonito de esa sensación. Quiero contarte también lo que dije, porque conecta directo con lo que me pasó en la clínica.

Estoy cansada de hablar de lo que el mundo de CX ya resolvió hace rato. Ya sabemos que hay que escuchar al cliente. Ya sabemos que la experiencia impacta en la rentabilidad. Ya hay encuestas, dashboards, metodologías, marcos de trabajo. Ese conocimiento existe, está disponible, cualquier empresa puede acceder a él.

Y, aun así, la experiencia sigue empeorando. No por falta de información. Por falta de acción.

La clínica donde viví lo del bono no necesitaba un estudio de experiencia de cliente o un gran diagnóstico. Necesitaba que alguien, en ese momento, tuviera la autoridad de decidir algo distinto a “no”.

Esa es la pregunta que sostengo ahora en cada conversación, en cada consultoría, en cada instancia a la que me invitan: no qué falta saber, sino qué falta decidir. Y, sobre todo, quién tiene que decidirlo.

Si algo aprendí en ese tránsito de hablar sola a que me busquen, es que el trabajo silencioso no es tiempo perdido. Es la parte que nadie ve, pero que sostiene todo lo que viene después.

Y como si julio quisiera seguir probándome el punto, todavía me esperaba un último caso. Esta vez, mucho más cerca de casa.

Para que lo pienses: en tu empresa, ¿el problema es que no saben qué mejorar… o que nadie se ha atrevido a decidir hacerlo?

Con cariño,

María Angélica Cossio