La semana pasada te dejé con una idea dando vueltas: que el problema de cumplir con la Ley de Protección de Datos no era solo mío. Esta semana quiero contarte cómo esa idea se convirtió en algo concreto.
Cuando empecé a trabajar con el abogado, mi objetivo era resolver mi propia situación. Como dueña de un negocio, con clientas cuyos datos manejo todos los días, necesitaba estar en regla. No lo hacía pensando en vender nada. Lo hacía porque me tocaba a mí, primero.
Pero mientras avanzaba, empecé a notar algo: cada paso que daba, cada duda que resolvía, cada documento que ordenaba era exactamente lo mismo que necesitaban otro(a)s dueño(a)s de negocio que conozco. Personas con equipos pequeños, sin un área legal, sin tiempo para leer una ley completa y con el mismo miedo de fondo: no saber si están haciendo las cosas bien.
Ahí me hice una pregunta que, mirado en retrospectiva, debería haberme hecho antes en otras áreas de mi trabajo: si esto me sirve tanto a mí, ¿por qué no compartirlo con quien lo necesita, en un formato que también le sirva a él o a ella?
Quería compartir exactamente lo que yo estaba usando, aplicado a mi propio negocio y no una plantilla genérica de esas que se bajan gratis en internet y no sirven para nada específico: el mismo proceso, los mismos criterios, la misma exigencia de fuentes verificadas que me pidió el abogado.
Y ahí entendí algo que ahora repito seguido: muchas veces, el producto que podemos ofrecer no está en una idea nueva y brillante que hay que inventar de cero. Está en lo que ya estamos usando nosotros mismos, para resolver un problema real, todos los días.
Esto le pasa a cualquier negocio, no solo al mío o al de las leyes. La dueña de un salón que arma su propia forma de coordinar la agenda, y que podría enseñarle eso mismo a otras dueñas de salón. El contador que se hizo su propia planilla para ordenar los gastos y que esa planilla podría ser justo lo que otro emprendedor necesita y no tiene tiempo de crear. La clave está en estar alerta: ¿qué es lo que yo mismo necesito y resolví, que otra persona en mi mismo rubro probablemente también necesita?
Ese fue el origen de lo que estoy construyendo ahora: un producto pensado para dueñas y dueños de negocio en Chile, que traduce la ley en pasos concretos, con plantillas modulares, nada de una talla única para todos y con la misma exigencia con la que resolví mi propio caso.
Todavía queda camino. Pero cada vez que avanzo en este producto, pienso que nació de resolver algo mío y no de perseguir una oportunidad de mercado. Y eso, curiosamente, es lo que lo hace más honesto.
Cerrando el mes, todavía me faltaba una historia. Esta vez no fue sobre mí como dueña de negocio, sino sobre algo que hice con Authentique: enseñar algo que yo daba por sentado y descubrir que no todas lo saben. Te cuento la próxima semana.
Para que lo pienses: ¿qué es lo que tú ya resolviste para tu propio negocio, que otra persona en tu mismo rubro probablemente todavía no ha resuelto?
Con cariño,