María Cossio

Le pedí ayuda a un abogado para hacer algo simple. Y aprendí que lo simple, en leyes, es un trabajo enorme

La semana pasada te conté sobre la importancia de hablar simple con los clientes. Lo que no te conté es que, mientras aprendía esa lección en una reunión, yo estaba trabajando en el ejercicio de simplificación más exigente que he hecho en mucho tiempo: convertir la Ley de Protección de Datos en algo que un(a) dueño(a) de negocio pudiera leer, entender y saber exactamente qué hacer.

Para eso necesitaba a alguien que supiera de verdad de leyes. Así que empecé a trabajar con el abogado de la empresa.

Y ahí descubrí algo que ya sospechaba, pero que viví en carne propia (porque pese a que he trabajado con varios abogados a lo largo de mi vida profesional, se me había olvidado lo complejo que es trabajar con ellos): los abogados y los consultores de negocio no hablamos el mismo idioma. Ni siquiera cuando estamos de acuerdo en el fondo.

Yo quería un documento. Uno solo, ordenado, que resolviera todo de una vez. Él me devolvió algo distinto: me dijo que juntarlo todo en un solo lugar era justo lo que había que evitar. Que cada negocio es distinto, que no existe una plantilla única que le sirva a todos y que meter todo en un mismo texto terminaría dejando fuera detalles importantes para unos y sobrando información para otros.

Al principio lo sentí como un freno. Yo quería avanzar rápido, entregar algo terminado. Él me pedía dividir, ordenar, ser más modular. Con el tiempo entendí que esa exigencia, más que una traba, era la única forma de hacerlo bien.

También me pidió algo que al principio me pareció obvio y que después entendí que era clave: que en cualquier plantilla que la persona fuera a usar, “acepto” y “no acepto” tuvieran exactamente el mismo peso visual. Nada de dejar el “no” chiquito, como para desalentarlo. Si una decisión es real, las dos opciones tienen que verse igual de válidas.

Fue un proceso lento. Más lento de lo que yo hubiera querido. Pero cada vez que sentía la tentación de simplificar de más, para avanzar más rápido, me acordaba de la reunión de la semana anterior: simplificar no es sacar información importante. Es sacar lo que sobra, para que lo esencial llegue completo.

Y mientras armaba esto con el abogado, me pasó algo que no esperaba: en medio de tanto trabajar en resolver mi propio problema de cumplimiento, se me hizo evidente que no era solo mío. Era el mismo problema que tienen cientos de dueñas y dueños de negocio en Chile, ahora mismo, sin saberlo todavía. Ahí empezó a tomar forma una idea distinta. Te cuento la próxima semana.

Para que lo pienses: cuando algo te toca a ti directamente, ¿alguna vez se te ha ocurrido que ese mismo problema le puede estar pasando, en silencio, a otra persona que conoces?

Con cariño,

María Angélica Cossio