Me viralicé en LinkedIn.
Y quiero recordar algo más que las cifras.
Hace unas semanas estaba revisando el contenido que me propuso mi equipo, como hago casi todas las semanas. Publicamos y uno de esos contenidos superó las 200.000 visualizaciones, las 700 recomendaciones y los 40 comentarios.
Para dimensionarlo, imaginen llenar el Estadio Nacional en Chile cuatro veces o el Movistar Arena unas doce veces. Cuando lo pensé así, dejé de ver solo un número en la pantalla. Las visualizaciones no son necesariamente personas distintas, pero esa comparación me ayudó a entender la magnitud de lo que había pasado.
La red a la que me negué a entrar
Me viralicé en LinkedIn. Yo, que durante años me negué a entrar.
Siempre sentí que era una red donde había que llegar con grandes títulos y logros para que alguien te mirara. No me acomodaba y entre todo lo que implica crear contenido, sumar otro espacio donde exponerme tampoco me entusiasmaba.
Y terminó siendo la red donde mejor me ha ido. Ahí he construido una reputación y encontrado una voz que jamás imaginé desarrollar en ese lugar.
Lo que encontré al otro lado
Tiene sus particularidades, por supuesto. Hay quienes parecen vivir de logro en logro, otros que confunden LinkedIn con Tinder y los famosos «jeques árabes» que me quieren cambiar por cinco camellos. Siempre digo que esas propuestas me hacen dudar de ir a conocer esos lugares.
Pero también he encontrado personas que leen con atención, aportan a la conversación y me muestran cosas que yo todavía no había visto. Eso es lo que más valoro:
Sentir que lo que comparto encuentra a alguien al otro lado y abre una conversación que merece la pena.
Incluso me han enviado publicaciones de personas en cargos importantes que reproducen mi contenido tal cual. Sin cambiar una coma. Me acordé de lo que me dijo mi primera mentora: “cuando alguien te copia, algo estás haciendo bien”. Lo recibo como una señal de que mi mirada tiene valor, aunque también creo que corresponde reconocer a quien creó ese contenido, mi Tahimy adorada.
En este tiempo he participado en dos instancias latinoamericanas. Me atreví a aceptar las invitaciones, las disfruté y pude conversar de igual a igual.
Lo que todavía me cuesta
Escribo esto y todavía me cuesta un poco.
No tener un título universitario me hizo sentir menos durante muchos años. Aunque mi trabajo diera resultados, sentía que tenía que demostrar una y otra vez que sabía de lo que estaba hablando. Llevo casi 25 años aprendiendo, estudiando por mi cuenta y defendiendo el valor de una experiencia construida directamente con clientes, equipos y empresas.
A veces lograba que me escucharan. Otras veces mi mirada incomodaba, sobre todo cuando señalaba algo que todos habían aprendido a aceptar. Ese esfuerzo sostenido deja huella:
Una puede tener experiencia y seguir preguntándose si merece estar en ciertos espacios.
Por eso quiero guardar este momento. Para volver a él cuando aparezca esa duda.
Lo que quiero recordar
Las cifras me alegran, pero lo que quiero recordar es que hay personas interesadas en lo que tengo que decir. Que mi aprendizaje tiene valor, aunque no esté respaldado por un título universitario. Y que puedo sentarme a conversar con otros profesionales sin empezar por sentirme en desventaja.
Mi fortaleza está en esa mirada que he construido con los años:
- escuchar lo que un cliente intenta explicar,
- reconocer lo que dificulta el trabajo de un equipo
- y cuestionar decisiones que se siguen tomando porque «siempre se ha hecho así».
Todavía siento miedo. La diferencia es que ahora tengo más razones para confiar en mí cuando aparece.
Si tú también estás esperando sentirte preparada
Si tú también llevas tiempo esperando sentirte suficientemente preparada para mostrar lo que sabes, quizá puedas empezar por reconocer lo que ya has aprendido y dar un primer paso.
Si el miedo te frena y necesitas conversar, escríbeme. Esta invitación no tiene costo ni implica contratar un servicio conmigo. A veces unas palabras de apoyo ayudan a animarse y me gustaría poder ofrecerte eso.
Yo quiero cerrar esta página de mi diario dejando algo escrito para mí:
mi experiencia merece un lugar y puedo llegar a nuevos espacios llevando conmigo todo lo que soy.