Desde que comencé a emprender he participado en varias comunidades de mujeres. En todas he aprendido algo, conocido personas y encontrado espacios que agradezco. Pero también me he preguntado cuánto de lo que se promete al entrar se sostiene después.
Lo que una busca al entrar
Una llega buscando contactos, herramientas y oportunidades para su negocio. También busca compañía: poder conversar con otras mujeres que entiendan lo que cuesta emprender y sentir que tiene a quién acudir cuando las cosas se ponen difíciles.
Por eso, pagar una membresía implica mucho más que transferir dinero. Una pone tiempo, expectativas y confianza en quienes ofrecen ese espacio.
Yo he podido pagar esas membresías sin comprometer mi tranquilidad económica. Reconozco ese privilegio. Pero pienso en las mujeres que hacen un esfuerzo importante para entrar, convencidas de que allí encontrarán la ayuda que necesitan para que su negocio funcione.
Y ahí es donde, en mi opinión, tenemos que mirar con más cuidado lo que estamos prometiendo.
- ¿Qué significa ofrecer acompañamiento?
- ¿Qué apoyo recibirá una persona después de inscribirse?
- ¿Qué oportunidades existen realmente y qué depende de ella para aprovecharlas?
Una comunidad no puede asegurar que todas venderemos más ni resolver las dificultades de cada negocio. Sí puede explicar con claridad qué ofrece, cumplir sus compromisos y escuchar cuando la experiencia de sus integrantes no coincide con lo anunciado.
La distancia entre la invitación y lo que ocurre después
En algunas de las comunidades donde he participado, he sentido una distancia entre la calidez de la invitación y lo que ocurre después. Se habla de cercanía, pero cuesta encontrar respuesta. Se invita a participar, pero falta interés por saber cómo estamos viviendo ese espacio.
Eso decepciona. Especialmente cuando el sentido de pertenencia fue una de las razones por las que decidimos entrar.
¿Hay lugar para los malos momentos?
También creo que vale la pena preguntarnos qué lugar tienen las mujeres que atraviesan un mal momento. Las que no están lanzando algo, creciendo o celebrando un logro. Las que están cansadas, dudando o tratando de sostener su negocio.
- ¿Pueden decirlo con tranquilidad?
- ¿Encuentran escucha?
- ¿O sienten que tienen que llegar con una buena noticia para tener algo que aportar?
Me gustaría que habláramos más de esto. Que pudiéramos revisar cómo funcionan estos espacios sin que expresar una incomodidad se interprete como falta de gratitud.
Podemos valorar lo que recibimos y, al mismo tiempo, pedir que se cumpla lo que nos ofrecieron.
Y también podemos reconocer cuando alguien sí está haciendo ese trabajo con cuidado.
Cuando alguien sí hace ese trabajo con cuidado
Eso me ha pasado con Ma. José Latorre y Mundo deCEO.
Ma. José se sabe nuestros nombres. Si llevas tiempo sin aparecer, te pregunta cómo estás y en qué puede ayudarte. Te regalonea con las fotografías, acerca temas y herramientas útiles, y le pone humor y dedicación a lo que hace.
Lo que más valoro es sentir que puedo llegar con entusiasmo, pero también con dudas o cansancio. Que hay espacio para la persona detrás del negocio, “con sus luces y sus sombras”, como dice ella.
Como experta en experiencias de servicio, reconozco el trabajo que hay detrás de esos gestos. La cercanía se sostiene al recordar, preguntar, escuchar y dar seguimiento. Y yo eso lo he vivido con ella.
Por eso le ofrecí hacer una colaboración. La iniciativa fue mía, porque quería reconocer una experiencia que recomiendo desde lo que he recibido personalmente.
Lo que hoy espero de una comunidad
Después de pasar por distintas comunidades, hoy tengo más claro qué espero de una: claridad sobre lo que ofrece, coherencia para cumplirlo y cuidado por las personas que confían en ella.
Cuando una mujer entra buscando apoyo, merece saber qué va a encontrar.
Y cuando ese apoyo se promete, merece poder sentirlo después de pagar la membresía.